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Un púca (espíritu o fantasma en Irlanda), pooka, phouka, phooka, phooca, puca o púka, es en esencia una criatura del folclore irlandés. Considerados como portadores tanto de buena como de mala suerte, que podrían ayudar o molestar a las comunidades costeras y rurales. Estos espíritus son cambiaformas y pueden adoptar la apariencia de caballos negros, cabras y conejos. También pueden tomar forma humana, pero mantendrían características de animales, como orejas o cola.

El púca tiene homólogos a lo largo de todas las culturas celtas del noroeste de Europa. En Gales se le conoce como Pwca, y en Cornualles lo llaman Bucca. En las Islas del Canal consideran al phooka un tipo de hadas que vivían cerca de antiguas piedras o crómlechs.

Las formas más comunes que adopta un phooka son las de caballo, conejo, cabra, duende, o un perro. No importa qué forma adopte, su piel será casi siempre oscura. Por lo general toma la forma de un elegante caballo negro de luminiscentes ojos dorados.

Si un humano se sube a lomos de un phooka transformado en caballo se llevará un buen susto, pues el phooka comenzará a correr salvajemente. A diferencia de un kelpie, que ahogaría y devoraría a sus jinetes, el phooka sólo les gastaría una broma, terminando su ajetreado paseo tirando a sus víctimas a un charco y riéndose de ellas. Según algunos folcloristas el único hombre que pudo montar sobre un phooka fue Brian Boru, rey de Irlanda, usando una brida especial que contaba con tres pelos de la cola del phooka.

Los phooka tienen la capacidad de hablar, y se han conocido casos en los que han aconsejado a humanos para evitarles algún mal. Aunque estos espíritus disfruten confundiendo y asustando a los humanos, se los considera de naturaleza benevolente

El phooka está relacionado con ciertas tradiciones agrícolas. Es una criatura asociada al Samhain, una fiesta de la cosecha celta, cuando se recogen los últimos cultivos. Cualquier cosa que quede en los campos se considera "puka", o arruinado por las hadas, y por lo tanto no es comestible. En algunos lugares, lo segadores dejan una pequeña parte de la cosecha como tributo a estos seres. No obstante, el primer día de noviembre es el día del púca, y el único día del año en que se puede esperar que se comporten civilizadamente.

Una historia relata que antiguamente los Pookas eran muy numerosos, de mentes malvadas y que aparecían como potros salvajes con cadenas colgando sobre ellos, atacando a los viajeros incautos. Además, se advertía a los niños de que no comieran moras maduras, porque esto era una señal de que el pooka les había ensuciado.

En otros cuentos se muestran como amigos del hombre. Una historia narra cómo el hijo de un granjero llamado Phádraig se dio cuenta de la invisible presencia de un phouka que le rozó. El joven lo llamó y le ofreció como regalo un abrigo. El phouka apareció como un novillo, y le dijo que fuera al viejo molino al anochecer.

A partir de ese momento, los phoukas fueron llegando en secreto por la noche y realizaban todo el trabajo moliendo el maíz y fabricando harina. Phádraig se quedó dormido la primera vez, pero las siguientes noches se escondió en un cofre para observarlos. Viendo sus esfuerzos, el chico les regaló un traje de fina seda. Esto hizo que inesperadamente los phoukas dejaran de trabajar.

Pero para entonces la riqueza del agricultor le permitió retirarse y dar una buena educación a su hijo. Años más tarde, en la boda de Phadraic, el phouka le dejó como regalo ¡un cáliz de oro lleno de bebida que, evidentemente, aseguró su felicidad.

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